Resulta, que hace 40 años nací en una ciudad del mediterráneo. Familia humilde, currante, bla bla bla, aunque eso no es lo que me interesa explicar. Lo que me interesa es la primera noción, el primer recuerdo, que tengo de las motos.
A los 8 años aproximadamente, hice mi primera comunión. De marinerito, por supuesto, que le voy a hacer, era un pringao por aquellos tiempos. Evidentemente, no voy a colgar fotos de aquel evento, faltaría más. Hicimos la celebración familiar en una torre donde veraneabamos. Ni siquiera recuerdo el pueblo. Como marca la tradición, después de la "coronación", la familia dota al nuevo príncipe de regalos y dinero en efectivo. Recuerdo en concreto que mi abuelo me dio mil pesetas, en formato de 10 billetes de cien enganchados todos ellos en una especie de talonario. Muy curioso. Lo primero que pensé es que era dinero del Monopoli. Lo dicho, era un pringao. Una vez pasado el mal trago, vino el buen trago, y no me refiero al vino, si no al recuento del efectivo que fue a parar a mi hucha. Bueno, técnicamente, a la de mis padres. Todavia tengo en el recuerdo aquella frase de mi padre preguntándome que queria hacer con las 7000 pesetas que "habíamos" recaudado en la celebración. Y yo dije "Papá, quiero una MOTO". Aún contemplo en mis retinas la cara de estupefacción de mi madre al oir mi respuesta.
Esa cara me marcará durante el resto de mi vida.
Evidentemente, no hubo moto. Mi padre hizo ver que miraba precios, que eran desorbitados, que no llegaba con lo que habiamos recaudado, que yo no tenia la edad legal para conducir una moto, y más excusas que no recuerdo. No sé cómo, pero yo le habia echado el ojo a una especie de moto de trial para niños que valia unas 35 mil de las antiguas pesetas. Hace tiempo, ehhh. En fin, que mi desconsuelo fue grande, aunque breve. Me olvidé rápidamente del deseo motero y mis padres achacaron el deseo de comprarme una moto a un impulso, a un capricho de un chaval de ocho años.
Ahora sé, que nací con sangre motera en las venas. Aunque mi sangre es un poco "freak", todo se ha de decir.
Transcurre mi adolescencia y mi juventud sin más referencias a las motos que las propias de un chaval de instituto que comparte clase con un montón de energúmenos que te vacilan con su nueva scoopy 75 para pescar mozas de buen ver.
A los 19 años, dejé el instituto después del segundo C.O.U. Esta vez no fueron las motos, fue una moza de buen ver que me tenia desenfocao. Me puse a trabajar con un tio que tenia un negocio de artes de pesca. Eso me pasa por zopenco. Lo que viene al caso es que mi tio tenía una Yamaha SR 250. Jo, como se me caia la baba cada vez que le veia llegar, tarde por cierto, al lugar donde trabajabamos. Él en moto, y yo en bus. Pues mira, yo en el bus ligué, cosa rara, con una moza de buen ver y quedamos para ir al cine. El que aquí suscribe era un ser ensoñador y por un momento se pensó que su tio le dejaria la moto para llevar a la moza de buen ver. Por supuesto, la cosa no funcionó, y el máximo premio que pude obtener fueron besitos y toqueteos en el cine, como está mandao.
Once años sin probarla y aún seguía deseandola. Eso es amor y lo demás tonterías.
Y mira tú por donde, que a los 24 años, después de haberme colgado el "burro" en la espalda que me pongo a hacer mi tercer C.O.U. y todo eso trabajando 8 horas y media cada dia.
Permitidme la licencia. Me lo saqué con MH y entré en la Uni. Eh! no os equivoqueis. Seguía siendo un pringao.
En el tercer C.O.U., conocí a un colega al que llamabamos Chicharra, que tenia una Piaggio Vespa 125. Fue una de mis primeras incursiones como paquete. No es que fuera una pasada, (eso del cambio en el manillar lo encontré raro) pero si un refresco necesario para mi maltrecho desamor. Esa moto que nunca llegaba. Chicha, aparte tenía una pasión desatada por un tipo de moto, la BMW K75. Que si es un pedazo de moto, que si te puedes ir con ella a donde quieras, que si.... bueno, vale. Segunda referencia, BMW gran moto.
Me licencié como biólogo, obtuve una beca para investigar y ahora que disponía de líquido me entró el gusanillo de comprarme una moto. Habia visto una custom baratita que estaba muy chula. POR FIN. Pues no, porque apareció de nuevo la cara de mi madre que puso el grito en el cielo y al pringao se le arrugaron los bajos y no se supo plantar. Y como no, me compré un coche. Bufff.
El motómetro lo tenía por los suelos en aquellos tiempos. Suerte que conocí por esos tiempos a un gran amigo que vino rescatarme. Con todos ustedes, el gran MONTARAZ con su Honda Reveré 650. He de reconocer que sin él no sería quien soy ahora. Redescubrí de nuevo el poder de la fuerza y un día, no muy lejano, en una terraza de un pueblecito muy cuco en la costa mediterranea, junto al mar, admirando todos los presentes las bellezas de dos ruedas que pasaban frente a nosotros, el gran MONTARAZ, me hizo la gran pregunta:
"Oye, estaría genial que todos tuviesemos moto y pudiesemos ir juntos de ruta"
Y yo dije, vale, y al cabo de dos semanas me compraba esto:
Honda Reveré 650, del año 90, con 64000 km, con topcase de regalo.Todo eso por 1200 euros, menuda ganga, no?
Pues sí, pero no...